miércoles, 6 de agosto de 2014

Ten

Jaejoong se agachó para mirar debajo del sillón. Nada. Un suspiró frustrado salió de sus labios despeinándole el flequillo. No la encontraba por ningún lado. Decidió probar suerte en la habitación de Changmin. A veces se echaba a dormir en su cama.

─ ¿Nagini? ─ llamó poniendo una voz suave y haciendo ruiditos con la boca. ─ Nagini, ven, ven con Jaejoongie.

Pero ella seguía sin aparecer. Se estaba desesperando ¿Dónde demonios se había metido? Él lo iba a asesinar lenta y dolorosamente si la había perdido.

─ Nagini si no vienes en este mismo instante, le diré a tu padre que te has portado mal.

Estaba buscando en la cocina, en la alacena bajo el mesón cuando escuchó un ruido.

─ ¿Nagini? ─ se volteó, ilusionado, esperando encontrar a la perrita de Changmin.

Y ahí estaba…en brazos de su dueño.

Se quedaron observándose mutuamente por lo que pareció una eternidad.  Changmin tenía una ceja levantada y acariciaba pausadamente a la bolita de pelo blanco que sostenía contra el pecho.

─ ¿Le llamas Nagini…a mi perra?

Las mejillas se le encendieron al ser atrapado infraganti. No podía negárselo, porque su novio lo había escuchado claramente. De todas formas no dejaba de ser vergonzoso, muy vergonzoso. Estaba abochornado, sin embargo se levantó con toda la dignidad que fue posible y se alisó la remera con las manos.

─ A veces solo le digo Nagi chan ─ murmuró. El más alto continuaba mirándolo con una mezcla de incredulidad y algo de indignación ¡Era su pequeña!

─ ¿Cómo se te ocurre llamarla como la serpiente de Lord Voldemort?

─ ¿Sabías que tus fans te llaman Voldemin? El apodo te queda bien, es genial. Entonces ella ─ Apuntó al can con un dedo ─ Es Nagini.

Changmin hizo un gran esfuerzo por contener la risa que le quería brotar desde el fondo del pecho. Respiró, y sin dejar de mimar a Mandongie se acercó algunos pasos. Jaejoong sintió un escalofrío.

─ ¿Alguna vez tú me llamaste así?

─ N-no ─ Si. A veces bromeaba con Yoochun al respecto. “Estoy yendo a la casa del innombrable, hablamos luego”…y cosas por el estilo.

─ Jaejoong… ─ el menor dejo al pequeño animalito en el suelo y se cruzó de brazos.

─ De acuerdo, si, en ocasiones bromeo al respecto pero solo con Yoochun.

El menor no dijo nada, siguió viéndolo fijamente.

─ Y quizá también te llamo así cuando hablo con Junsu…o con Yunho…o Geunsuk…

Changmin chasqueo la lengua con el rostro fruncido en un gesto de molestia y de un rápido movimiento se cargó al más bajo en el hombro sin ningún esfuerzo. Jaejoong no pesaba nada. Lo oyó protestar, pedirle disculpas e incluso tratar de golpearlo para que lo bajara pero no lo hizo hasta que estuvieron en la habitación donde lo dejó de pie con una limpia inclinación, cerrando la puerta tras de él.

─ Creo que necesitas una muestra práctica del poder del señor tenebroso.

Su novio contuvo una risa, tomándolo del cuello. Debía molestar a Changmin más seguido.  

Four

El menor tomó su rostro con fuerza casi incluso con violencia. Se miraban a los como si fuera la primera vez, y en cierta forma lo era. Tras tantos años, con todo lo sucedido, ahí estaban, tan cerca que sus alientos se chocaban y se entremezclaban. Tenían que explicarse demasiadas cosas, que admitir unas cuantas más y por fin decir la verdad. En ese momento habían desaparecido las dos grandes estrellas de Asia, ahora eran solo Changmin y Jaejoong, con las palabras atorándoseles en la garganta y los ojos llenos de lágrimas y sentimientos sin decir. No había más tiempo, era ahora o nunca, el todo por el todo…podían ganar o perder pero no retractarse.

─ ¿Por qué? ─ Preguntó Jaejoong con la respiración dificultosa, mordiéndose tan fuerte el labio que casi lograba hacerlo sangrar.

─ ¿Podrías haber hecho esto sin antes hablar conmigo? ─ Aún había una mínima distancia entre ambos, sin embargo mientras hablaban, se acercaban cada vez un poco más.

─ No ─ admitió tragando saliva.

─ Yo tampoco ─ y probablemente estaban siendo tan sinceros como nunca antes en la vida.
Jaejoong fue quien cerró los ojos primero. No iba a dejar que la última imagen que Changmin tuviera antes de separarse, fuese de él llorando.

─ Te amo.

Ah…aquella afirmación era como un bálsamo que se extendió por todo su cuerpo, borrando sin dudas cualquier herida del pasado. Hoy, ahora, ese “te amo” era algo de lo poco que le ayudaba a seguir. Le acarició la suave mejilla deseando tener más tiempo para hacerlo, más no lo tenía.

─ Te amo ─ respondió Changmin notando como si fuera en su propio cuerpo el estremecimiento del pelinegro.

Y por cinco eternos minutos, no existía nada, ni la guerra, ni la destrucción a su alrededor. Se trataba solamente de ellos dos y la sensación de besarse, de saber que se podían enfrentar a lo fuera.

<< Escuadrón 235, código rojo, batallón enemigo acercándose. Todos a sus posiciones >>

El parlante del pequeño galpón en el que estaban los sobresaltó, rompiendo el beso aunque ninguno de los dos soltó al otro. Se observaron fijamente, muy conscientes de que quizá no volverían a verse. E hicieron una promesa silenciosa. Iban a sobrevivir, el uno por el otro. Y entonces cualquier momento sería el indicado para estar juntos.

Two

El agua helada hizo que un escalofrío lo sacudiera, pero no se movió. Tomó la primera mientras la bañera se llenaba, sin prisas, saturando sus oídos con el chapoteo de las gotas. Nada aún. Se lo suponía. Por sus dedos se deslizaron dos más y después de haberlas tragado, apuró otras cuantas que había en el frasco. El sabor amargo le abrazaba la garganta pero no le importaba. Se recostó para atrás, apoyando la nuca en el borde de cerámica. Su temperatura iba en descenso y notaba los miembros levemente entumecidos.

Necesitaba volver a verlo con una desesperación que lo carcomía, más todavía seguía consciente de todo a su alrededor. Doce, trece…cuando llego a la pastilla numero veinte dejó de contar. El frasco se le resbalaba, sin fuerza suficiente como para sostenerlo, pero hizo un esfuerzo porque no se le cayera. Necesitaba más. 

Otras cinco de sus pequeñas amigas y los parpados le pesaban. Podía empezar a ver, por entre la desdibujada habitación, los posters viejos de bandas de rock y la guitarra apoyada contra un amplificador.

Casi…ya casi.

Iban veintitrés cuando el agua empezaba a taparle las piernas, sin embargo él ya no estaba en el baño. Ahora lo que lo rodeaba era la vieja habitación de Changmin cuando eran adolescentes.

─ ¿Jaejoong? ─ Su voz preocupada lo llamó mientras corría hasta él, sacándose el sweater que tenía puesto y envolviendo con este. ─ ¿Qué pasó, porque estas mojado?

El mayor no dijo nada, solo lo abrazó con fuerza, escondiendo la cabeza en su hombro. El frío le llegaba hasta los huesos, pero estaba bien. Todo estaría bien si se podía quedar ahí.

─ Changmin, no te vayas ─ pidió con la voz rota. ─ Me hiciste una promesa.

Iba a seguir hablando, sin embargo los hipidos y el huracán de lágrimas que había estado conteniendo se lo impidieron. No quería que se fuera, no podía dejarlo. El más alto le acarició la espalda, intentando calmarlo, no tenía idea de que le pasaba a su hyung, pero nunca lo había visto así.

─ ¿Por qué dices eso? No seas tonto, oye ─ Sus labios se apoyaron en la sien del rubio.

─ Te vas a casar con ella.

— ¿Estás loco Jaejoong? ¿De quién hablas? No me voy a casar hyung, no sé a que te refieres.

─ No quiero seguir allí si nunca vas a ser para mí. Moriría de todas formas, de tristeza, yo…

La frase quedó a medio terminar.

¿Qué estaba pasando? El cuarto empezó a perder nitidez y cada vez sentía más reales un par de manos que lo jalaban. El agua le escurría del pelo y de la ropa. Tenía el estomago revuelto.

— ¿Jaejoong? ─ seguía alucinando.

Le costaba tomar aire y el agua helada le laceraba los pulmones. Una toz violenta lo sacudió ¿Había estado a punto de ahogarse?

─ Jaejoong por favor  ¿Me puedes escuchar? Vas a estar bien Jaejoong, respira, vamos.

Por él haría lo que sea.

Respiraba aunque seguía siéndole difícil, el dolor le perforaba el pecho de una forma espantosa. Abrió los ojos muy de a poco, acostumbrándose a la luz. Estaba en el regazo de alguien. La cabeza le daba vueltas y vueltas, incapaz de pensar claramente. Recordaba las pastillas, pero esto no tenía sentido, tomó suficientes como para...para morir.

─ ¿Estoy muerto? ─ preguntó en un tono de voz apenas audible, rasposo.

─ No, por el amor de dios, no.

Algo no cuadraba entonces. Porque estaba dolorosamente seguro de que ese que lo miraba con el pánico pintado en el rostro, era Changmin. No el Changmin de un rato atrás, el Changmin de ahora, el que debería estar camino a su boda. Él que de hecho tenía puesto un impecable traje que ahora estaba húmedo y desarreglado.

─ No quiero vivir si no me amas, si tengo que ver cómo le das a alguien más lo que prometiste que era solo mío – Las lagrimas le escocían. Se sentía un inútil, ni siquiera tenía fuerzas para levantarse, las cosas estaban saliendo horriblemente mal. Un poco más, unos segundos y ya no habría nada por lo que preocuparse.

─ Nunca debería haberme alejado de ti Jaejoong, todo empezó a salir mal desde entonces…fui un imbécil.

Quería creer que la desesperación de él era real. Que sentía haber hecho aquello, que le hería haberlo dejado, pero no podía.

─ No quiero que digas eso solo porque llegaste antes de que haya logrado lo que buscaba ─ suspiró con pesadez cuando una punzaba lo atravesó, pero continuo hablando a pesar de las protestas del castaño ─ Vete. Solo haz como si no me hubieras visto.

Su mano le hizo cosquillas en la nuca cuando lo tomó con delicadeza para que lo mirara.

─ ¿Sabes lo que sentí cuando te vi ahí adentro? Estabas pálido como una hoja y no tenía idea de cuánto tiempo llevabas bajo el agua, después vi el frasco en el piso…dios yo…no sé que hubiese hecho si te pasaba algo Jaejoong. Con solo pensar que quizá no abrirías los ojos sentí como si me arrancaran el corazón.

La ambulancia llego antes de que pudiera decir algo más. El rubio no habló, concentrado en seguir inhalando y exhalando. Pero tomo su mano. La sujetó con toda la fuerza que fue capaz en ese estado. Y Changmin no lo soltó.

No iba a soltarlo nunca más.

viernes, 7 de febrero de 2014

Three

Hacía unos cuantos minutos que estaba allí parado sin decir nada, sin acercarse. Lo había visto fumar en silencio por alrededor de un cuarto de hora, mirando la nada como si intentara buscar algo, a sabiendas de que no iba a encontrar. A veces no lo entendía muy bien, o mejor dicho casi nada…era complicado. El trataba de hacer su vida mucho más sencilla, y ahí estaba Jaejoong que parecía solo enredarse más y más.

─ A veces te odio…un poco – Habló por fin su hyung, sin molestarse en mirarlo ¿Así que sabía que estaba ahí? No solía ser muy consciente de lo que pasaba alrededor cuando estaba en ese estado.

─ Odiar es una palabra muy fuerte – Changmin se acerco apenas lo suficiente como para quedar a su lado en el balcón.

─ En absoluto. En este mundo, odiar es algo corriente ─ Le sonrió, casi dejándole ver la soledad que lo corroía. ─ Amar es una palabra muy fuerte, el amor es más poderoso e increíblemente más destructivo que el odio.

En la oscuridad de la noche apenas lograba distinguir las facciones de Jaejoong, excepto cuando llevaba se el cigarro a los labios y aspiraba para luego soltar una gran bocanada de humo.

─ ¿A qué te refieres? ─ preguntó saliendo finalmente del transe en el que estaba, al notar como tiraba la colilla y prendía otro cigarrillo.

─ ¿Oíste de alguien que haya muerto de odio? ─ Changmin no contesto por lo que el mayor prosiguió ─ El amor de absorbe. Te consume, y si la persona a quien amas no te corresponde, tienes dos opciones...

─ ¿Dos opciones?

─ Si. Los débiles suelen dejarse morir, mientras que los fuertes luchan ─ Su mirada brillo, casi divertido con la ironía que había en su conclusión. ─ Lo gracioso es que el final es el mismo.

Volvieron a quedarse callados. Jaejoong realmente no tenía ganas de hablar en ese momento, en especial con él. Era ridículo como cuanto más se retraía, más llamaba su atención. Una parte de si mismo creía que era porque al verlo en blanco, sin las emociones que solían dominarlo normalmente, el menor se sentía seguro. Solo que Changmin no sabía que todo lo que tenía adentro seguía agitándose como una marea embravecida, rompiendo en olas de autodestrucción. Fumaba mucho más que de costumbre cuando estaba en así. Y bebía menos. Sus sentimientos no se calmaban, al contrarío, estaban pendiendo de un fino hilo de cordura. El alcohol los adormecía, a diferencia del tabaco.

─ ¿Sabes Jaejoong? ─ El castaño le quitó el pitillo de los dedos, para darle una calada antes de seguir ─ Siempre te vi como un luchador.

– Lo soy – afirmó el, clavándole los ojos por primera vez en toda la conversación.

─ Pero hay un problema con eso ─ Aún no le devolvía el cigarro. Lo llevaba a sus labios con una habilidad que de seguro había adquirido por haberlo hecho unas cuantas veces. 

─ No veo cual es el problema ─ A su pesar tenía que admitir que se había distraído observándolo.

─ No tienes que luchar cuando la persona a la que amas te corresponde.

Había simpleza en esas palabras. Simpleza para Changmin, una reflexión de la pequeña charla que acaban de sostener, una declaración implícita. No así para Jaejoong que repentinamente sentía todos sus demonios desatándose, sin posibilidad de volver a ser guardados. La llave con la que había encerrado ese amor que era solo y exclusivamente para ese que tenía lado, se quebró en su pecho.

─ Tienes razón.

Y el menor soltó el cigarrillo ante la sorpresa de un par de labios cálidos chocando contra los suyos. Jaejoong era complejo, si, pero a veces sabía cómo volver las cosas fáciles.

Five

El repiqueteo de la lluvia golpear contra las tejas el techo y las ventanas era lo único que se oía aparte de sus respiraciones. Ahí estaban, después de un camino zigzagueante. Juntos.

Jaejoong estaba recostado en el amplio colchón king size de su habitación. Las sabanas tan blancas como el mismo y un Changmin acomodado encima, empapado de pies a cabeza. Estaba lloviendo el día que se conocieron, al igual que la primera vez que hicieron el amor. Y hoy, de nuevo.

Changmin estiró una mano, recorriéndole el rostro como si quisiera grabarlo en su mente, memorizando cada milímetro de piel nívea y todos los lunares que la surcaban. Se veía reflejado en los ojos oscuros del rubio, con tanta claridad que se sintió entero. Como si la pieza que le faltaba para ser, estuviese allí en esa mirada que lo absorbía, que le hacía sentir cosquillas en el estomago y el corazón terriblemente acelerado. Había estado tanto tiempo corriendo sin querer detenerse, sin embargo no podía huir de lo que sentía. Nunca había estado tan asustado en su vida como en el preciso momento en el que salió de su casa dispuesto a decirle todo. Y estaba ahí, lo tenía acorralado y no sabía por dónde empezar. Aunque en realidad ¿Quién tenía acorralado a quien? Con ese pensamiento en la cabeza, se inclinó para besarlo, sin prisa. Dejó que sus labios acariciaran los contrarios, disfrutando su exquisita calidez y dulzura.

─ Te necesito como jure nunca necesitar a nadie en mi vida ─ habló por fin, respirando el mismo aire, incapaz de alejarse ─ ¿Tienes una idea de lo grave que eso?

─ ¿Significa que me amas? ─ preguntó Jaejoong, corriéndole un mechón de pelo húmedo que le ocultaba parte del rostro.

─ Significa que te amo ─ Changmin dejo salir esa afirmación, estirándose apenas, para besar la mano que lo acariciaba. ─ Y espero que tu sientas lo mismo porque tengo tanto miedo que se me va a salir el corazón, Jaejoong.

El mayor se mordió el labio, conteniendo una sonrisa.

─ Por su puesto que no siento lo mismo ─ Se apresuró a continuar no queriendo que llegara a malinterpretar sus palabras ─ Yo te amo más.

La risa del castaño inundo la estancia y al instante el otro lo acompaño, dejando que el sonido alegre, perfecto, los envolviera en su propia burbuja a prueba de todo. Jaejoong respiró contra sus labios, mirándolo como si pudiera encontrar en él mundos infinitos, galaxias, estrellas, todo, todo lo que amaba, en él.

─ ¿Changmin? ─ Sus manos estaban entretenidas en la amplia espalda, mientras el menor le dejaba tantos roces en el cuello con los labios como fuera posible.

─ ¿Mhm? ─ Murmuró este contra su piel.

─ Cuando nos casemos ─ pudo sentir la sonrisa en la boca del otro y contuvo el aliento antes de seguir. Lo adoraba ─ Quiero que sea en Julio.

─ ¿En Julio? Pero nosotros nos conocimos en Abril ─ Changmin comenzó a hacerle cosquillas con su respiración, cerca del lóbulo de la oreja.

─ Pero Julio es el mes en el que más llueve.

No tuvo necesidad de agregar nada más. El muchacho que seguía con la ropa empapada lo atrapó entre sus brazos acallando cualquier otra cosa que pudiese agregar, con un beso que bien podría haberle olvidar hasta de su propio nombre.

─ Tienes razón. Tiene que ser en Julio.

Nine

─ ¡No me estas escuchando! No lo haces, maldita sea ─ Jaejoong gritaba tan fuerte que le dolía la garganta. Le ardían los ojos de llorar, le asfixiaba la presión en el pecho y las punzadas en el corazón.

─ Basta ─ Changmin tomó sus muñecas entre las manos, obligándolo a mirarlo a los ojos.

Estaba llorando. Querría matar a cualquier que le hiciera daño, pero era el mismo quien estaba haciéndoselo. Y lo peor era que no sabía cómo parar.

─ Escúchame tu a mí, por un segundo ─ Respiro hondo, tratando de recobrar la compostura ─ Es imposible, es totalmente una locura, que alguien como tú me ame. No es justo para ti, porque soy un idiota. No sé cómo es querer sin reservas, no sé cómo darte lo que tú necesitas. No es justo.

El pelinegro se mordió el labio con impaciencia, hasta hacerse un pequeño corte.

─ Te necesito a ti. Todo tú, que me ames, lo que puedas, lo que sea. Si te vas, voy a morir, si intentas empujarme a los brazos de otra persona, me voy a aferrar a ti hasta que no me queden fuerzas. Así es como yo sé amar, y eso no lo vas a poder cambiar aunque trates de irte.

Ahí estaba de nuevo. La arrasadora fuerza con la que él podía arrollarlo, con sus palabras, con ese amor tan palpable que lo sentía en sus manos, cuando él lo tocaba. Aflojó el agarre aunque sin soltarlo ¿Qué se supone que tienes que hacer cuando alguien dice algo así? Además de querer tenerlo contigo para siempre, por supuesto.

─ Tú no estás asustado, tu eres un cobarde ─ Jaejoong le espetó, con fuego en la mirada y unas increíbles ganas de que lo besara ─ Te amedrenta la idea de por una vez en tu vida, tener que necesitar alguien. Como yo te necesito. Yo tengo miedo, cada maldita vez que creo que te puedes ir y dejarme con esa soledad que me hace sangrar cuando no te tengo cerca.

El más bajo se quedo desconcertado cuando el otro lo soltó, rozándole la mejilla con una suavidad que lo estremeció hasta la punta de los pies. Tragó saliva, tratando de no temblar. No tenía idea de lo que sentía cuando lo acariciaba, aunque fuese un roce involuntario…

─ Enséñame.

La palabra había salido de su boca sin permiso, como si todo su cuerpo conspirara, sabiendo bien que no había forma de permanecer lejos de ese joven de ojos oscuros que adoraba sin medida.

─ ¿Q-que? ─ Preguntó el mayor, mirándolo sorprendido, sintiendo las lágrimas empezaban a formarse otra vez.

─ Enséñame. No quiero ser un cobarde, quiero amarte sin medida, como tú, como si no hubiese otra cosa en el mundo ─ Jaejoong le rodeó el cuello con los brazos apenas unos segundos después, enterrando el rostro en su cuello.

─ No te quiero perder ─ Admitió el castaño con sinceridad, abrazándolo por la cintura y respirando profundamente ese aroma familiar, dulce.

Era la primera vez que lo admitía, a si mismo y a él. El alma le pesaba menos. Muchísimo menos.

─ No va a pasar ─ Murmuro ─ No te voy a dejar ir.

Sintió la sonrisa tímida de Changmin en su frente, antes de que le plantara un beso cariñoso en la sien. Y su corazón se calmo en ese instante.

Dedicado a  R o m i ♥

jueves, 6 de febrero de 2014

Six

Jaejoong podía afirmar fácilmente que adoraba a Changmin enojado, o celoso. Peleaba como un animal enjaulado y feroz, lo insultaba incluso hasta que se le quebraba la garganta, se retorcía hasta rabiar si quería tocarlo. 

Y después cuando estaba calmado, se dejaba estrechar por sus brazos y respiraba tan bajito, tan suave, que le gustaba darle pequeños besos allí en el pecho, tan cerca del corazón como fuera posible.

Le encantaba encolerizado, sin embargo cuando estaba como una laguna quieta, lisa, y lo besaba cerrando los ojos, enredándole el cabello en la nuca con la punta de los dedos… era asombroso. Simplemente le fascinaba sentirlo sosegado.

─ Hyung ¿Me estás oyendo? ¡Estoy hablándote desde hace diez minutos! ─ El mayor lo miró, notando el encantador ceño fruncido y los labios apretados. Era tan hermoso. Tan suyo.

─ Te amo ─ afirmó en voz alta, sacándolo de orbita.

Las orejas se le tiñeron de un vibrante tono rojizo y abrió la boca, dispuesto a soltar un improperio, más de ellos no salió nada. Oh, estaba furioso. Podía notarlo en la forma en la que tensionaba los puños y resoplaba por la nariz. Estaba furioso, pero no por ello dejaba de amarlo como el mayor lo amaba a el. El pensamiento le hizo sonreír. Changmin también lo amaba.

─ ¿Escuchaste lo que estaba diciendo? ─ Preguntó con ese tono letal, que le advertía que estaba dispuesto a asesinarlo si le daba una negativa.

─ Cada palabra ─ afirmó el pelinegro, regalándole una sonrisa. ─ Solo que una parte de mi se distrae cuando te tengo cerca.

Estiró los brazos en una silente invitación y aunque un poco reticente, él termino cediendo, acercándose y sentándose en su regazo, escondiendo el rostro sonrojado en su cuello. Era tan imposiblemente lindo que le daban ganas de no soltarlo nunca, por nada del mundo.

─ ¿Ves? Si te tengo en mis brazos ya no me distraigo pensando en lo mucho que quiero tenerte así. Tienes toda mi atención ─ Prometió en tono solemne pero juguetón.

─ Eres un idiota de primera ─ Murmuró Changmin anclando sus manos en la espalda de ese tonto hyung, con posesividad. Y es que  Jaejoong era un idiota, si, pero era suyo. De nadie más, con nadie estaba dispuesto a compartirlo.

Se quedaron en silencio, los dedos del mayor acariciándole la espalda, provocándole una agradable sensación que lo recorría hasta la punta de los pies. A Changmin no le gustaba admitir sus debilidades, pero la más grande era él, quien le rozaba la frente con su aliento cálido, haciéndolo olvidar de cualquier otra cosa.

─ Yo también te amo 
─ Agregó pasados varios minutos, con los ojos cerrados.

Y Jaejoong sonrió. Tan solo sonrió.

Dedicado a  A k a h a n a ♥